martes, 19 de febrero de 2013

Cazadora de recuerdos.

Le venían a la mente a la vez que los suspiros. Felices, tristes, únicos, rutinarios. Recuerdos. Le gustaba recordar, revivir en su cabeza cosas que ya habían ocurrido. Su mayor miedo siempre había sido olvidar. Cada vez que recordaba, deseaba con todas sus fuerzas recordar para siempre. Memorizaba cada detalle. Los colores, los ángulos, los olores, las sensaciones que revivía. Necesitaba una manera, una cámara de recuerdos. Fantaseaba sobre una grabadora mágica capaz de leer su mente. Y de hecho, ella sabía que podía hacerlo. Sabía que era capaz de plasmar sus recuerdos con una exactitud micrométrica. Solo tenía que armarse de valor y empezar a escribir. Coger un bolígrafo y dejar que su mano danzase sobre la hoja. Pero su naturaleza perfeccionista la turbaba incluso antes de ponerse a ello. Empezaba a creer que sus recuerdos no eran suficientes. Que tenía que contextualizar. Que le faltaban detalles. Que al releerlo no entendería nada. Que no iba a servir. Que no era una cazadora de recuerdos. Y que nunca lo sería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario