domingo, 3 de febrero de 2013

Y saltó.

Y saltó. No quiso pensarlo demasiado. Ni siquiera reparó en el Sol panegírico que se ponía más temprano de lo habitual. Mantuvo los ojos abiertos. El escozor que le provocó el aire solo le sirvió para recordarle que no volvería a sentir daño. Un escalofrío le recorrió la espalda y supo que era el último, el último de tantos otros. Una canción que no tuvo tiempo de reconocer sonó en su cabeza. Se notó la boca salada. Las lágrimas ya se habían deslizado hasta sus labios. Fantaseó sobre su primer y último beso. Sonrió. Por primera vez en toda su existencia, se sintió vivo. Justo en el momento en que su corazón dejaba de latir. Fue sorprendentemente fácil y feliz.

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